"Los cinco minutos de Maria"

"Los cinco minutos de Maria"
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.

viernes, 10 de julio de 2026


 ESPRESSO ESPIRITUAL 11 DE JULIO

Agradece a tu Padre Celestial, fuente del amor mismo, por la vida, por el amor, por la familia, por el trabajo y por todas las bendiciones que hoy te ha regalado. Siente que en sus manos vas a salir adelante de todas las situaciones complicadas y adversas. Suplícale que te abra caminos para seguir adelante, caminos de paz, esperanza y alegría. Él te bendecirá y derramará todo su amor y todo su poder sobre cada una de las personas que en este momento leen este mensaje.


Hoy te digo: “Déjate envolver en la Presencia de Dios, confía, cree y hazte protagonista de los sueños del Señor” ¡Ten fortaleza y esperanza!


Laus Deo

Alabado sea Dios.


 ==JULIO, MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE==

DÍA 11


La sangre Preciosísima de Jesús nos alimenta en la Santísima Comunión


I. Cuando hubo llegado la hora de partir de este mundo y de volver a su Eterno Padre, el tierno Corazón de Jesucristo no podía determinarse a dejar a sus discípulos huérfanos y abandonados; por esta razón después de haber celebrado la Pascua según el rito de la ley de Moisés, instituyó el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, en el cual nos alimenta con su propia Carne y con su Preciosísima Sangre convidándonos a todos a participar de ella: Venite inebriamini, carissimi.

Y en este Sacramento es en el que se distribuye de una manera más particular a los fieles bien dispuestos la Sangre del Redentor; cuando comulgamos, podemos decir: «hemos bebido la Sangre del Señor y aplicado nuestra lengua a las llagas mismas de nuestro Redentor.» Qué dulce fuente aquella que de lo elevado del Altar sagrado brota incesantemente las bendiciones celestiales, y que hace la llame San Juan Crisóstomo, fuente de dones celestiales, al pié de la cual está sentado Jesucristo, que se dirige no ya a una Samaritana, sino a la Iglesia universal; aquí no se sirve un simple vaso de agua, sino una Sangre viva que, tomada por nosotros en testimonio de la muerte del Señor, es para nosotros una fuente de vida.

Parece que no se satisfacía su inmenso amor con haber derramado toda su Sangre sobre la Cruz, si además no se quedaba con nosotros hasta la consumación de los siglos para alimentarnos y abrevarnos de esta Preciosísima Sangre en la Santa Comunión; y con la voz irresistible de su Sangre nos llama, según San Ambrosio, nos convida y desea vivamente que participemos de ella. Habet enim sanguis vocem canoram. Y ¿qué dice?: ábreme tu corazón, ensánchale y le colmaré de gracias.

II. El abad Ruperto demuestra muy bien el amor inefable que Jesús nos testifica dándose Él mismo todo entero a las almas en la Santa Comunión y abrevándonos con su Sangre preciosísima que no solamente nos purifica de nuestras manchas cotidianas sino que nos preserva también de las más graves; y esto quiso manifestar el Redentor cuando lavó los pies a sus Apóstoles. Se levantó Jesús de la mesa, esto es, dejó el banquete de la gloria paternal y revistiéndose de nuestra carne, como de un lienzo, vertió su Sangre como se echa el agua sobre un librillo y desde entonces lava cada día nuestros pies, cuando le recibimos en remisión de los pecados. ¡Oh refinamiento del amor del dulce Corazón de Jesús! ¿Con qué ansia no deberían las almas venir a saciarse de esta fuente inagotable de bondad y de amor?

¡Ah! Y cuántas veces debería frecuentarse un Sacramento en el que, según las palabras del Concilio de Trento, ha derramado Jesús las riquezas de su amor: In quo divitias veluti sui amoris effudit. Con tales sentimientos y con estas disposiciones debería recibirse la Preciosísima Sangre de Jesús, que se da aquí con su Carne inmaculada, con su Alma santísima y con su misma Divinidad.

¡Qué viva fe, qué profundo respeto, qué santo temor, qué temblor santo, qué ardiente caridad deberían acompañar a las almas que se acercan a esta mesa! Acercaos, os diré con la voz de la Santa Iglesia, acercaos con fe, con temblor, con ternura. Más ¡ay! ¡Qué frialdad, qué insensibilidad en tantas almas que se acercan tan lánguidas a esta fuente de amor!


COLOQUIO

Vos sois, oh Jesús mío, aquel Padre amantísimo, aquel buen Pastor que después de haber dado su Sangre y su vida por nosotros en la Cruz, nos alimentáis en la Santísima Eucaristía con vuestra Carne y nos dais de beber con vuestra Sangre. ¿Qué más podría hacer vuestro Corazón para probarnos la caridad ardiente de que estáis animados hacia nosotros? Ahora comprendo toda la fuerza de aquellas palabras de San Juan, vuestro discípulo amado, cuando dice que en este Sacramento nos habéis amado hasta el exceso. Ahora entiendo lo que dice en el Concilio de Trento la Iglesia, vuestra Esposa, a saber: que vos ¡oh Señor! dándonos el Sacramento adorable de la Eucaristía, habéis agotado en lo más profundo de vuestro Corazón las riquezas de vuestro amor infinito. ¡Oh! y ¿cómo no se deshace mi corazón por Vos que todo lo habéis hecho por mí? ¿Quién puede resistir a tan dulce enajenamiento a presencia de tales pruebas de amor, de esa caridad sin límites? ¡Ah! ¡Cuáles serán era adelante mis delicias recibiéndoos en la Santa Comunión y embriagándome de vuestra Sangre de amor, adorándoos en el Santo Tabernáculo y contemplando la inefable caridad que se manifiesta en este Sacramento!


EJEMPLO

San Felipe de Neri tuvo una devoción particular a la Sangre Preciosísima de Jesucristo. Tenía la costumbre de poner para la consagración una grande cantidad de vino en el cáliz a fin de prolongar la duración de las especies. Se observó también que después de la Consagración el mismo Cáliz estaba lleno de Sangre pura. Al sumirla, sus labios la absorbían con tanto ardor, que concluyó por consumir no solamente el dorado, sino hasta la plata misma del cáliz; y esta Sangre divina le comunicaba tal devoción que la palidez cubría su rostro hasta parecer más bien muerto que vivo. Semejante espectáculo hizo verter muchas veces lágrimas de compunción a los asistentes. Pedía en seguida al Señor que pues no había podido verter su sangre en el martirio, como él hubiera querido, le concediese a lo menos derramarla en abundancia por boca y narices para que de esta manera pudiese volverle sangre por Sangre. Oyó el Señor su súplica, pues en una ocasión derramó tanta sangre que perdió el movimiento y el uso de la vista.


JACULATORIA

Padre Eterno, os ofrezco la Sangre de Jesucristo en rescate de mis pecados y por las necesidades de vuestra Iglesia.


INDULGENCIA

El Soberano Pontífice Pío VII concedió cien días de Indulgencia por cada vez que se diga la anterior jaculatoria. Así consta del rescripto que se conserva en los archivos de los Padres Pasionistas de Roma.



 ==UNA FIESTA MARIANA PARA CADA DÍA DEL AÑO==

11 de Julio.


♡Nuestra Señora de Clery♡


En la leyenda de San Liphard de Meung, que vivió en el año 550 dC, se hace mención de la ciudad de Clery, y de un oratorio dedicado a la Santísima Virgen, Nuestra Señora de Clery.


En el año 1280, algunos trabajadores colocaron allí una pequeña estatua de la Virgen, la que un día se encontró bajo su arado. Este descubrimiento causó sensación, y atrajo la atención de los más ilustres nobles de la época. Entre estos nobles, Simon de Melun, un gran barón, que había acompañado el rey San Luis IX a África, y al que Felipe el Hermoso elevado a la dignidad de mariscal de Francia, formó la intención de fundar una colegiata allí, pero la muerte, que que gloriosamente se reunió con en el cerco de Courtray, le impidió la ejecución de este proyecto piadoso.


Después de sus victorias en Flandes, Felipe el Hermoso, que había prosperado bajo la protección de María, aumentó su contribución al embellecimiento y difusión de su devoción. Aumentó el número de los cánones, y decidió reconstruir la iglesia; pero la muerte, que derrota a tantos proyectos, religiosos, así como los demás, lo dejó, en este sentido, sin ningún otro mérito que su buena intención.


La iglesia, sin embargo, se inició en su reinado, y continuó, gracias a la generosidad de su tercer hijo, Carlos, duque de Orleans. Felipe de Valois, ese noble príncipe, que dijo a sus soldados, en los países conquistados, "Respetar las iglesias!" El rey Luis XI, construyó la iglesia de Clery. Él donó 2.330 coronas de oro, erigiendo una capilla real, y ricamente dotada.


Este monumento, objeto de tantos gastos, y mucho cuidado, fue destruido por un incendio en 1472 "El todo se prendió fuego y se quemó", dice la crónica de Luis XI; pero la iglesia fue reconstruida de nuevo bajo la inspección del secretario del rey.


Louis XI, recuperó su salud en Clery, y atribuyendo su recuperación a la Santísima Virgen, enriqueció su colegiata con donaciones frescas, y preparó su tumba. "Se puso en élla varias veces", dice uno de sus historiadores, "para ver si el lugar se ajustaba a su cuerpo, y fue bien proporcionado a recibirlo después de su muerte." Fue enterrado allí, de acuerdo a su deseo. Su esposa, Carlota de Saboya, fue colocada allí cerca de él en algún momento después.


Los calvinistas, que ya no respeta las tumbas de los reyes de los altares de santos, se rompió en pedazos la estatua de Luis XI, y violaron su tumba real por el bien de saqueo. Esta tumba, reconstruido por el rey Luis XIII, fue mutilado de nuevo durante la Revolución, y restaurado por el rey Luis XVIII. La devoción a la Santísima Virgen, Nuestra Señora de Clery, todavía reina allí, con el mayor fervor, en la antigua iglesia del rey Luis XI.


* de la vida de la Santísima Virgen María, con la historia de la devoción a Ella por Mathieu Orsini, traducido del francés.



 ==LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA, 11 DE JULIO==


La Virgen iba a ser el sagrario vivo donde habitara nueve meses el Hijo de Dios y el artista divino que fabricó ese Sagrario exteriormente lo hizo primoroso, pero donde hizo alarde de poder y sabiduría infinita fue en el interior, en el alma de la Virgen.

Es Dios quien iba a construir su propia morada y por eso le dio a María un Corazón lleno de gracia y santidad, inmensamente hermoso, pues sería el Corazón de la Madre de Dios; inmensamente tierno, pues sería el Corazón de la Madre de los hombres.


==VIRGEN LLENA DE CANDOR, ME PONGO EN TUS MANOS PARA QUE ME MODELES SEGÚN EL GUSTO DE DIOS ==


Padre Nuestro...

Ave María...

Gloria...


(Padre Alfonso Milagro)


 ==Gotas de Redención==

Día 10


La Preciosísima Sangre de Cristo nos recuerda que nuestra esperanza no depende de las circunstancias, sino del amor fiel de Dios.


En Jesús, ninguna herida es definitiva, ningún pecado es imperdonable y ninguna noche dura para siempre.


Quien pone su confianza en Cristo descubre que, aun en medio de la prueba, Dios sigue obrando con amor y nunca abandona a sus hijos.


Propósito: Entrégale hoy a Jesús aquello que te preocupa y confía en que Él ya está obrando, incluso cuando aún no puedes verlo.


Jaculatoria: Preciosísima Sangre de Cristo, fortalece mi esperanza y mi confianza en Ti.


«La Sangre de Cristo nos enseña que, con Dios, la esperanza nunca se pierde.»


jueves, 9 de julio de 2026


 ESPRESSO ESPIRITUAL 10 DE JULIO

Gracias Señor por este precioso día que me regalas. Te suplico que me bendigas con tu amor para estar siempre alegre y feliz. Oh Padre Dios, confieso que sólo Tú eres mi fortaleza, mi refugio y mi salvación. Te pido vengas a mi vida gris y la pintes de color. Ven y bendice a todos los míos a los que quiero que están luchando por ser felices. Estoy seguro de que hoy me llenas de tu poder y de tu fuerza para que ningún problema parezca más fuerte que yo. Derrama sobre mí tu gracia para salir adelante y ver tu sueño de amor realizado en mí.


Laus Deo

Alabado sea Dios.


 ==JULIO, MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE==

DÍA 10


La Sangre Preciosísima de Jesucristo nos purifica en el Sacramento de la Penitencia


I. Había en Jerusalén una piscina llamada Probática que estaba rodeada de cinco pórticos, donde acudían enfermos de toda especie, esperando la venida del Ángel del Señor que ponía en movimiento las aguas, y el primero que entraba en ellas quedaba sano. Esta piscina dicen los SS. PP era una figura del Sacramento de la Penitencia formado con la Sangre de la Redención.


La Iglesia abre a las almas un baño saludable más milagroso que el de Betsaida, como le llamaban los hebreos; de él mana una fuente continua, formada no de sangre de animales y de víctimas expiatorias, sino de la Sangre Santísima del Cordero inmaculado, inmolado y ofrecido en sacrificio por la redención del género humano; pero con la notable diferencia, de que en el de los hebreos solo un enfermo sanaba al contacto de las aguas maravillosas puestas en movimiento por el Ángel del Señor, al paso que en la Piscina saludable de la Sangre de Jesucristo en el mismo instante, no solamente un cristiano, sino todos los cristianos pueden hallar la curación de su mortal enfermedad.


Y ¿qué es necesario para obtenerla? Nada más que quererla eficazmente. ¿Quieres sanar? dice el Señor al enfermo de la Piscina Probática y lo repite a cada pecador. Y ¿qué responde el pecador? ¡Ah! ¡Cuántos hay de entre nosotros que quieren más bien gemir en sus inmundicias que purificarse en este baño saludable!


II. Convendría repetir a muchos de los cristianos lo que aquel siervo fiel dijo a Naamán, el leproso Siro, cuando el Profeta Elías le mandó fuese a lavarse a las aguas del Jordán para curarse de la lepra y lo rehusaba: “Si el Profeta te hubiera mandado una cosa difícil, debieras haberlo hecho; pues ¡con cuánta más razón debes obedecerle cuando te dice que te laves para ponerte bueno!”


Del mismo modo, si el Señor nos hubiese mandado recobrar la salud de nuestra alma a costa de nuestra sangre, deberíamos hacerlo; luego con mucha más razón debemos obedecerle, cuando solamente nos manda lavarnos en la Sangre de Jesucristo por la penitencia sacramental. Esta es nuestro Jordán, en Ella debemos lavarnos para purificarnos de la lepra abominable del pecado; no habiendo nadie libre de mancha, la fuente que corre de las sagradas llagas del Señor es necesaria a todos, dice San Bernardo.


Desde el momento que el pecado se confiesa al sacerdote con un verdadero arrepentimiento y que las palabras sacramentales se han pronunciado, el alma está ya purificada. ¡Oh inmensa liberalidad de mi Redentor! ¡A qué punto ha llegado vuestro amor! ¡Lavarnos con vuestra propia Sangre! ¿Y quién no correrá a sumergir sus faltas en este mar inagotable de vuestra Preciosísima Sangre que hará desaparecer todas sus enfermedades?


COLOQUIO

Jesús mío, voy sin tardanza a esta benéfica fuente; y aunque me veo manchado con tantas faltas, no obstante, arrojándome en este mar inagotable de misericordia, confío que mi alma saldrá de él purificada, pues que tal es la seguridad que de ello me habéis dado por vuestro Profeta. Y del mismo modo que algunas gotas de agua en un vasto mar al momento son absorbidas por las hondas, así sucederá con mis faltas arrojadas en el mar inmenso de vuestra Santísima Sangre, y al momento serán borradas, y el alma sumergida en estas aguas de misericordia saldrá de ellas limpia y purificada.


Dadme, pues, oh Jesús mío, un vivo dolor y un sincero arrepentimiento, a fin de que yo una mi dolor a vuestra Sangre, y con un corazón contrito y humillado, que no despreciáis, pueda recibir el perdón de mis iniquidades; haced que vuestra Sangre purifique las heridas de mi pobre alma para que se verifique en mí la verdad de estas palabras: “la Sangre de Cristo nos purifica de toda iniquidad”. Sanguis Christie emundat nos ab omni iniquitate.


EJEMPLO

Para consuelo de las almas que temen no tener en la confesión sacramental un dolor suficiente de sus pecados, será útil recordar lo que por inspiración divina dice Santa María Magdalena de Pazzis para merecer que la Sangre de Jesucristo supla también este dolor. Meditando la Santa acerca del sudor de Sangre que cubría al Salvador cuando agonizaba en el huerto de las Olivas, decía: “¿Quién puede penetrar, oh Señor, los abismos de agonías y de dolor que experimentáis a fin de satisfacer por tantas almas y obtener su contrición? Por ésto en vuestro Sacramento nuestra atrición se cambia en contrición y somos purificados sin hacer acto de contrición perfecta, porque tomáis sobre Vos la contrición que nosotros deberíamos tener; por ese dolor interno que nos falta, satisfacéis Vos con esa agonía, ese dolor y contrición que habéis sentido por nosotros en vuestro afligido corazón.” Así se expresa la Santa.


JACULATORIA

Eterno Padre, os ofrezco la Sangre de Jesucristo en rescate de mis pecados y por las necesidades de la Iglesia.


INDULGENCIA

El Soberano Pontífice Pío VII concedió cien días de Indulgencia por cada vez que se diga la anterior jaculatoria. Así consta del rescripto que se conserva en los archivos de los Padres Pasionistas de Roma.