"Los cinco minutos de Maria"

"Los cinco minutos de Maria"
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.
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sábado, 30 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 31: ALMA REDEMPTORIS MATER

Mientras con toda la humanidad se acerca al confín de los dos milenios, la Iglesia, por su parte, con toda la humanidad de los creyentes y en unión con todo hombre de buena voluntad, recoge el gran desafío contenido en las palabras de la antífona Alma Redemptoris Mater sobre el «pueblo que sucumbe y lucha por levantarse» y se dirige conjuntamente al Redentor y a su madre con la invocación: ¡Socorre! (RM, 52).

Hace dos mil años nació la nueva Eva. Un nuevo mundo comenzó su alborada. La luz fue venciendo a las sombras. El alba tenía rostro de mujer. Y Dios iba en ella sembrando gérmenes de vida. Y el Espíritu la hacía crecer en gracia, en belleza. Hace dos mil años la historia comenzó a ofrecer los primeros síntomas de su plenitud. Aunque María pasase inadvertida en Israel, a través de ella Dios preparaba la mayor revolución de la historia. Después de dos mil años, María, la nueva Eva, no se ha alejado de nosotros. María, mujer resucitada, sigue en comunión con nosotros y participa de la intercesión constante de Jesús en favor nuestro. Por su resurrección quedó eclesializada, de manera que podemos decir con toda verdad: «Reunidos en comunión, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María». El pueblo que sucumbe y lucha por levantarse se dirige a Jesús y a María pidiéndoles ayuda, socorro. La Iglesia ve a María «maternalmente presente y participe en los múltiples y complejos problemas que acompañan hoy la vida de los individuos, de las familias y de las naciones; la ve socorriendo al pueblo cristiano en la lucha incesante entre el bien y el mal, para que no caiga, o, si cae, se levante» (RM, 52).Ante el tercer milenio no cabe la angustia. Dios lo ha hecho preceder de un signo benéfico: «Una gran señal apareció en el cielo: Una mujer...» (Ap 12, 1).

Padre nuestro y Señor de nuestro futuro, en Jesús y en el Espíritu has dado un futuro maravilloso a nuestra humanidad y a cada uno de nosotros, el Reino de la gran comunión y de la perfecta felicidad; en la medida en que este futuro se aproxima, pones ante nuestros ojos el signo de la mujer, acercas a nosotros a María, para que aliente nuestra esperanza, nos devuelva el vigor de la fe y la sonrisa: ¡gracias por ella!, y gracias, sobre todo, a vosotros, indivisa Trinidad. Tanto amor, tanta gracia merece nuestra alabanza por los siglos de los siglos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

viernes, 29 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

Día 30: MARÍA EN LOS GRANDES MOMENTOS DE TRANSITO

Al término del segundo milenio, nosotros, los cristianos, que sabemos cómo el plan providencial de la Santísima Trinidad sea la realidad central de la revelación y de la fe, sentimos la necesidad de poner de relieve la presencia singular de la madre de Cristo en la historia, especialmente durante estos últimos años anteriores al dos mil (RM, 3).

Dentro de las estructuras de la historia de la salvación, María es un personaje de confluencias En ella se anudan los grandes momentos: María fue la testigo más cualificada del paso del antiguo al nuevo Testamento, del paso de la vida oculta de Jesús a su vida pública, del paso de Jesús de este mundo al Padre, del paso de la Iglesia pre-pascual a la Iglesia pos-pascual. En los grandes momentos de tránsito de la historia de la salvación, María está presente. La piedad cristiana contempla la presencia de María en el momento del tránsito de cada uno de nosotros: «Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte»; y ha considerado y venerado la presencia de María en la purificación (purgatorio) que nos prepara para la comunión definitiva con Dios. Estamos ante el preludio de una época nueva. Por eso, la Iglesia ha recibido diversos mensajes marianos en estos últimos tiempos. Ante un mundo ambiguo, con grandes realizaciones y grandes amenazas, aparece la figura de la nueva Eva, la mujer del Apocalipsis, el gran signo de Dios. Las experiencias carismáticas de María en estos últimos tiempos (apariciones) nos la presentan como aquella que, como en Caná, acelera la inauguración de la era mesiánica y nos pide adhesión a Cristo: «Haced lo que él os diga». Ella, dócil al testamento de Jesús, dilata su seno materno para que todo hombre renazca a una vida nueva. La presencia de María es un gran signo de esperanza. La presencia de la nueva Eva es Adviento que anuncia la Navidad.

ORACIÓN.
Padre eterno, Señor de la historia, tú ejerces tu providente señorío sobre el tiempo y nos manifiestas tu voluntad de salvación por medio de los «signos de los tiempos»; en los grandes momentos de la historia has puesto el «signo de la mujer»; ahora, que nos acercamos al tercer milenio, haz que aparezca en todo su esplendor la nueva Eva, María, ante nosotros; haz que nos estimule para ser una Iglesia más creyente, que siga a Jesús más de cerca, que transmita al mundo la vida. el Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

jueves, 28 de mayo de 2020


==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 29: MARIA, LA COOPERADORA DE JESUS

Maria ha llegado a ser no sólo la madre-nodriza del Hijo del hombre, sino también la «compañera singularmente generosa» del Mesías y Redentor. .. A través de la colaboración en la obra desu hijo redentor, la maternidad de Maná conoció una transformación singular, colmándose cada vez más de «ardiente caridad» hacia todos aquellos a quienes estaba dirigida la misión de Cristo. Por medio de esta ardiente caridad... Maná entraba de manera muy personal en la única mediación de Cristo (RM, 39)

Jesús, que quiso incorporar a su persona y asociar a su obra a sus discípulos, también incorporó a sí y a su obra «de una manera especial y excepcional» a María, su madre. Ya desde la infancia de Jesús, la madre y el hijo forman una unidad indisoluble. María, que genera a Jesús dándole un cuerpo y entregándose a él en actitud de total servicio, va siendo incorporada progresivamente al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia Jesús es para María su único formador; el acontecimiento de su hijo Jesús es para María toda una revelación: en sus gestos y palabras ella descubría la voluntad del Padre, el proyecto del Reino. Acogía y entendía la revelación con esa intuición que es tan peculiar de las madres, especialmente de aquellas que tienen una gran interioridad. María «siguió» constantemente a su Hijo único, aunque a veces no lo siguiera materialmente. Y le siguió de forma activa. Poniéndose de su parte. ¡Qué bien lo manifiestan aquellas palabras: «Haced lo que él os diga»!Que estaba de parte de Jesús, que colaboraba con él, se descubre en el momento culminante de la cruz. Su presencia allí va mucho más allá de lo que pudiera sugerir una interpretación puramente sentimentalista. En ese momento, María recibió de Jesús la misión de cuidar de sus discípulos amados, de «cuidar con amor materno de los hermanos de su hijo» (LG, 62). Simón Pedro, después de manifestar a Jesús su amor por tres veces, por tres veces recibió la encomienda de «cuidar de sus ovejas». María, tras manifestarle a Jesús un amor total nunca negado, amor hasta la cruz, recibe de Jesús exaltado, no ya la misión pastoral, sino la misión maternal. María es la creyente por antonomasia, el modelo perfecto de acogida de la fe, predicada por Pedro y los apóstoles. ¡ He aquí la cooperación de Maria!

ORACIÓN.
Padre, tú quisiste que tu hijo Jesús se hiciera uno de nosotros; y deseaste, asimismo, que cada uno de nosotros formáramos con él un Cuerpo y participáramos de su misión; hoy admiramos la íntima unión que se estableció entre María - madre y Jesús, a quien ella siguió con todo radicalismo; haz que la acción materna de María nos estimule para vivir una comunión más estrecha con Jesús y para seguirle más de cerca Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

miércoles, 27 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 28: JESUS, EL UNICO MEDIADOR ENTRE MARÍA Y DIOS

El primer momento de la sumisión de María a la única mediación entre Dios y los hombres, la de Jesucristo, es la aceptación de la maternidad por parte de la Virgen de Nazaret... La maternidad de María, impregnada profundamente por la actividad esponsal de la «esclava del Señor», constituye la primera y fundamental dimensión de aquella mediación que la Iglesia confiesa y proclama respecto a ella (RM, 39)

En la anunciación le fue revelado a María quién era el único mediador entre Dios y los hombres: aquel que sería el hijo de sus entrañas por obra del Espíritu. Al aceptar sin condiciones la maternidad, María acepta al mediador, al Hijo del Altísimo. María se somete totalmente a la voluntad de Dios: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Ése es «el primer momento de sumisión a la única mediación, la de Jesucristo: la aceptación de la maternidad por parte de la Virgen de Nazaret» (RM, 39) María entendió la propia maternidad como donación total de sí, de su persona, al servicio de los designios salvíficos del Altísimo» (RM, 39). La esclavitud hay que entenderla en clave de esponsalidad: María como la mujer que por amor esponsal-virginal-consagra totalmente su persona a Dios. «La maternidad de María está impregnada profundamente por la actividad esponsal de la \"esclava del Señor\"» (RM, 39).Jesús fue el único mediador entre Dios y María, María y Dios. María fue elegido, redimida y agraciada en Cristo Jesús, el amado del Padre. Y por medio de su Hijo su respuesta llegó hasta el altar del cielo. María fue «la primera en experimentar en sí misma los efectos sobrenaturales de esta única mediación» (RM, 39). Sin Jesucristo, María habría sido como un sarmiento cortado de la vid, como una esclava sin redentor, como un vientre materno sin fruto, como una mujer sin gracia de Dios. Todo lo que ella era se lo debía a él. Todo lo había recibido de Dios por medio de él. Por eso, Lucas y su Iglesia la proclamaban «bienaventurada».

ORACIÓN.
Alabado seas, Padre, nuestro Dios trascendente, por haberte acercado a nosotros, por mediación de tu único Hijo, y haber establecido con nosotros por medio de él una eterna alianza de amor; alabado seas, Padre, porque María, la humilde mujer de Nazaret, fue la primera en experimentar toda la riqueza de la mediación de Jesús y la acogió sin ningún tipo de reservas; gracias, porque en María nos muestras hasta dónde puede llegar en nosotros el efecto divinizante de la mediación de tu Hijo, nuestro hermano Jesucristo.

martes, 26 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 27: MARÍA Y EL AMOR PREFERENCIAL POR LOS POBRES

El amor preferencial de Dios por los pobres está inscrito admirablemente en el Magníficat de María... María está profundamente impregnada del espíritu de los pobres de Yahweh, que en la oración de las salmos esperaban de Dios su salvación, poniendo en él toda su confianza La Iglesia, acudiendo al corazón de María, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magníficat, renueva cada vez mejoren si la conciencia de su amor preferencial por los pobres y los humildes (RM, 37)

María anuncia en el Magníficat la venida del Mesías de los pobres y al Dios que los ama preferentemente. Por eso, «la Iglesia, acudiendo al corazón de María, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magníficat, renueva cada vez mejor en sí la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magníficat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús» (RM, 37)Es importante resaltar que la encíclica explícita un aspecto cada vez más vivo y sentido en las Iglesias cristianas, en las que se ha hecho una clara opción por los pobres. La ejemplaridad de María sobre la Iglesia no puede prescindir de este aspecto, quizá el mayor signo de los tiempos: la opción preferencial por los pobres. La devoción a María no es completa, si prescinde de este elemento nuclear de la verdad sobre Dios y de la verdad sobre María.No está en plena comunión con María aquel 0 aquella que no se insertan dentro de esta opción eclesial por los más pobres y por su liberación. «Se debe salvaguardar cuidadosamente la importancia que los pobres y la opción por los pobres tienen en la palabra deDios. María... al lado de su Hijo es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia ella, madre y modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión» (RM, 37).

ORACIÓN

Padre de todos los hombres, no te conocemos adecuadamente, si no nos dejamos impresionar por tu amor preferencial hacia los más pobres, los más enfermos y abandonados de tus hijos; no te amamos tú quieres, si no sentimos por ellos, como Jesús, un amor preferencial y eficaz; concédenos, por intercesión de María del Magníficat, la audacia necesaria para que nuestro amor llegue a ellos, nuestros hermanos, y seamos para ellos instrumentos de tu amor de Padre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

lunes, 25 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR,==

DÍA 26: LA RESPUESTA DE MARÍA A LA REVELACIÓN Y VOCACIÓN DE DIOS

María es la primera en participar de esta nueva revelación de Dios y, a través de ella, de esta nueva autodonación de Dios. Por eso proclama: «Ha hecho obras grandes por mi; su nombre es santo». María es consciente de que en ella se realiza la promesa (RM, 36).

¿Qué respuesta da María al Dios que la llama, que se le revela? Ningún relato de vocación termina con una fórmula tan expresiva de plena adhesión a la voluntad del Señor como aquella con la que María se adhiere al plan divino: «Heme aquí, soy la sierva del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho». La acogida de María a la propuesta vocacional de Dios se expresa además en el admirable paralelismo que se da entre las palabras que relatan la vocación y el cántico del Magníficat. Gabriel le pide a María que se alegre, y María responde: «Se alegra mi espíritu en Dios». El ángel le dice que ha hallado gracia a los ojos de Dios, y María lo reconoce diciendo: «Ha puesto los ojos en la humillación de su esclava» Le es anunciado que su Hijo será «grande», y María exclama: «Engrandece mi alma al Señor».La encíclica resalta que María, en la anunciación, recibe la nueva y definitiva revelación de Dios; revelación en la que Dios no sólo se da a conocer, sino que se «autodona». María se ve agraciada con la verdad profunda de Dios y de la salvación del hombre. María se descubre a sí misma en el centro mismo de la comunicación reveladora de Dios al Pueblo; «es consciente de que en ella se realiza la promesa hecha a los padres» (RM, 36).

ORACIÓN:
Cuando nos llamas, Padre, origen de toda vocación, te revelas a nosotros y nos comunicas tu vida; María acogió sin reservas tu llamada, tu autodonación, y quedó plenamente vivificada por ti hasta convertirse en una nueva Eva, madre de los vivientes; ábrenos a ti, que tu Espíritu dilate nuestro corazón para acoger tu vida, tu palabra, y quedar así divinizados y santificados. Por Jesucristo, nuestro Señor.

domingo, 24 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 25: EL MAGNIFICAT Y EL DIOS DE MARÍA

Cuando Isabel saludó a la joven pariente que llegaba de Nazaret, María respondió con el Magníficat. Lo que en el momento de la anunciación permanecía oculto en la profundidad de la obediencia de la fe ahora se maníficat esta como una llama del espíritu, clara y vivificante. Las palabras usadas por María en el umbral de la casa de Isabel constituyen una inspirada profesión de su fe... en ellas se vislumbra la experiencia personal de María, el éxtasis de su corazón (RM, 36).

El evangelista Lucas nos hace ver en el Magnificat qué tipo de relación mantiene María con el Dios que la llama. Dios aparece en el canto de María como «el Señor», «Dios, mi Salvador», «el Poderoso que hace maravillas en favor de ella», «el Santo», «el misericordioso de generación en generación», «el que pone sus ojos en la humillación de su esclava». Este Dios, trascendente y cercano, no aparece como Dios Padre, pero sí como un Dios de gracia, especialmente volcado hacia los más pobres y humillados; fija en ellos su rostro y quiere instaurar el Reino para traerles liberación, alegría. El Dios a quien María reconoce en el Magníficat no es el Padre, no es el Esposo. No establece con él una relación filial o esponsal, sino de profunda dependencia y obediencia, como expresan los términos «Señor-esclava», «Salvador-humillación», «grandeza-pequeñez», «Poderoso-impotencia». El Dios de María es, sobre todo, el libertador, el salvador, el Dios del Reino. María se siente vocacionada para participar en ese acontecimiento. Ha de colaborar con su maternidad a la venida del Reino de Dios. Cuando la Iglesia pronuncia el Magníficat y se identifica con los sentimientos más íntimos de María, «llega a la verdad sobre el Dios de la alianza» (RM, 37). En el Magníficat, María, y con ella la Iglesia, proclama la verdad sobre Dios; verdad no ofuscada por la duda, la sospecha; verdad que nace de un agraciamiento, acogido sin reservas. El Magníficat no es el canto de la primera Eva. Sólo puede ser colocado en la boca de la segunda Eva.

ORACIÓN.

Padre, Abbá, que prefieres revelar tus misterios a los pequeños y que manifestaste toda tu interioridad a María, la primera entre los pequeños; concédenos un corazón humilde, sencillo, como a ella, para que podamos llegar a conocer tu verdad y a vivir sólo para ti y para tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

sábado, 23 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 24: MARÍA EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

María, par su mediación subordinada a la del Redentor, contribuye de manera especial a la unión de la Iglesia peregrina en la tierra con la realidad escatológica y celestial de la comunión de los santos, habiendo sido ya asunta a los cielos (RM, 41).

Los creyentes sabemos que la muerte no interrumpe la unión o comunión de los que peregrinamos en la historia con los hermanos y hermanas que durmieron en la paz de Cristo, antes bien existe entre nosotros una admirable y misteriosa comunión de bienes espirituales (LG, 49). Los que están unidos estrecha y definitivamente con Cristo, los que ya llegaron a la patria y gozan de la presencia del Señor, participan de la vida y del dinamismo de aquel que, «sentado a la diestra del Padre, sin cesar actúa en el mundo» (LG, 48); «por él, con él y en él, nuestros hermanos no cesan de interceder por nosotros ante el Padre... a través del único mediador... Su fraterna solicitud ayuda mucho nuestra debilidad» (LG, 49). Si ésta es la comunión con los santos, ¡qué características no tendrá la comunión con la santísima mujer, madre del Señor, la primera de los creyentes! Por Cristo, con él y en él, María está presente a nosotros, actúa en nosotros. En ella la resurrección ha producido el ciento por uno. ¿Cómo extrañarse entonces de que miles y miles de creyentes, comunidades y pueblos testifiquen la experiencia de la cercanía de esta mujer bienaventurada? ¿No es ésta la clave para entender ese clamor popular del pueblo de Dios a través de los siglos, que ha proclamado a María como la asunta, la resucitada, y cuya expresión suprema ha sido la proclamación del dogma de la asunción? La presencia de María en la Iglesia no es excepcional por ser exclusiva, sino por ser la primera en la presencia de los bienaventurados en la Iglesia peregrina. María está presente entre nosotros desde la admirable comunión de los santos. Como Iglesia celeste. Como prototipo de la Iglesia peregrina.

ORACIÓN.
¡Que misteriosa comunión y solidaridad mantenemos, Padre de todos, con todos los que murieron en Cristo y con él viven ante ti! Haz que su fraterna solicitud ayude mucho a nuestra debilidad. Y sobre todo atiende a las súplicas de María, nuestra madre en la fe, para que todos formemos esa Iglesia que ella tan maravillosamente tipifica. Por Jesucristo, nuestro Señor.

viernes, 22 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 23: MARÍA EN SU PLENITUD: LA ASUNCIÓN

La peregrinación de la fe ya no pertenece a la madre del Hijo de Dios; glorificada junto al hijo en los cielos, María ha superado ya el umbral entre la fe y la visión «cara a cara» (RM, 6).

La asunción nos habla, ante todo, del Dios fiel que cumple sus promesas. En quienes son fieles a la alianza, las promesas de Dios se cumplen «sin demora» y «al ciento por ciento». Quien sigue a Jesús «hereda la vida eterna» y Jesús le promete que le preparará un lugar, que volverá y lo tomará consigo, para que donde él esté allí se encuentre también su servidor. Si María es «la primera discípula de Jesús», la creyente por antonomasia, la mujer guiada siempre por Dios, siempre dócil al Espíritu, ¿no cumplirá Dios en ella todas sus promesas? María, la asunta y glorificada, es para la Iglesia la garantía del cumplimiento de la promesas de Dios. Como bellamente dice el Concilio Vaticano II: «La Madre de Dios es ya el cumplimiento escatológico de la Iglesia: la Iglesia ha alcanzado en ella la perfección, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga; al mismo tiempo los fieles... levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la humanidad de los elegidos» (LG, 65).

ORACION:
Dios y Padre de nuestros padres en la fe, que cumpliste las promesas de la alianza al resucitar a Jesús y con él y desde él a María, como primicias de la nueva humanidad; continúa en nosotros tu acción vivificadora y no permitas que seamos instrumentos de muerte, ni que las fuerzas de la muerte nos venzan. Concédenos tu Espíritu de vida por Jesucristo, tu hijo.

jueves, 21 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 22: MARIA ¡MISTERIOSA PRESENCIA!

La presencia de María encuentra múltiples medios de expresión... En la fe de María se ha vuelto a abrir por parte del hombre aquel espacio interior en el cual el eterno Padre puede colmarnos «con toda clase de bendiciones espirituales». el espacio de la nueva y eterna alianza. Este espacio subsiste en la Iglesia (RM, 28).

María no es para la Iglesia un mero recuerdo, una evocación del pasado. Es, sobre todo, una presencia. La Iglesia (¡y esto es algo muy misterioso!) ha sentido, incluso en contra de las buenas razones, que la muerte no separó a María de nosotros; que aquella a quien Jesús crucificado proclamó «madre» de sus discípulos «no nos ha dejado huérfanos»; que aquella que dió la vida a Jesús ha sido devuelta a la vida, resucitada por el poder del Resucitado. En María todo su ser quedó vivificado; porque Dios resucita todo aquello que tiene gérmenes de gracia; en María no había desperdicio. .Toda ella hubo de ser resucitada! .T oda ella fue recuperada! Y cuando alguien llega a su plenitud en el Dios-el-Omnipresente, esa persona no se pierde, no se aleja, sino que se recupera, se acerca, vive vivificando: «se va y se queda». María «se fue y se quedó» toda ella, cuerpo y alma. En María, después de Jesús, resucitó la inocencia, la pureza. En María de Nazaret, nueva Eva, sólo habla gérmenes de vida; toda ella germinó en la primera cosecha de la resurrección. Se explica entonces cómo es posible que Maria manifieste de tantos modos su presencia, y que a través de sus manifestaciones seamos colmados de tantas bendiciones de Dios.

ORACIÓN:
Padre, que nos manifiestas tu misericordia y compasión a través del rostro materno de Maria; en ella y a través de ella nos dices que estás junto a nosotros, que en nosotros hay gérmenes de vida y muchos motivos para la esperanza; acógenos, perdónanos, aliéntanos por medio de esta madre espiritual que nos has dado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

miércoles, 20 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 21: PRESENCIA DE MARIA EN EL PENTECOSTÉS DE LA IGLESIA

Los fieles cristianos, aunque esparcidos por el haz de la tierra, comunican o están en comunión entre sí por medio del Espíritu Santo. Se puede decir que en esta unión entre los creyentes se realiza constantemente el Misterio de Pentecostés...en compañía de María, la madre de Jesús... En este tiempo de vela, María... está presente en la misión y la obra de la Iglesia, que introduce en el mundo el Reino de su hijo (RM, 28).

Pentecostés no es sólo un hecho histórico. Es un misterio permanente en la Iglesia. También hoy, como antaño, María está presente en él. La presencia de María no se deduce de planteamientos teóricos o dogmáticos. Es una presencia carismática, eficaz, entrañable, que pone a la Iglesia de hoy en una maravillosa conexión con la Iglesia apostólica. La presencia de María «encuentra múltiples medios de expresión en nuestros días al igual que a lo largo de la historia de la Iglesia» (RM, 28). Son muchísimos los creyentes que en su fe y piedad han experimentado la presencia de María. La mayoría de los institutos religiosos, comunidades carismáticas, no pocas familias, reconocen, rememoran v reviven a María, presente en sus orígenes, en su vida, en sus momentos más cruciales. No pocas Iglesias particulares invocan a María bajo una advocación específica y cuentan con algunas experiencias carismáticas de su presencia. Lo mismo cabe decir de naciones enteras y aun de continentes. Éste es el mensaje de Palestina, de Roma, de Guadalupe, de Lourdes, de Fátima, de Jasna Gora. La geografía mariana de los santuarios es testigo de esta presencia misteriosa de María en la Iglesia, en su Pentecostés permanente.

ORACIÓN.
Tu Espíritu, Padre, sigue descendiendo sobre las comunidades de los que creemos en ti; Pentecostés sigue acaeciendo como un milagro permanente entre nosotros; gracias, porque en este acontecer se hace presente María, nuestra madre en la fe, para impulsarnos y animarnos a acoger sin medida el Espíritu y ser en todo dóciles a él. Por Jesucristo, nuestro Señor.

martes, 19 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 20: MARÍA, EJEMPLO DE LA FE QUE OBEDECE

La misión de los apóstoles comienza en el momento de su salida del cenáculo de Jerusalén. La Iglesia nace y crece entonces por medio del testimonio que Pedro y los demás apóstoles dan de Cristo crucificado y resucitado. María no recibió directamente esta misión apostólica... Estaba, en cambio, en el cenáculo, donde los apóstoles se preparaban a asumir esta misión con la venida del Espíritu. En medio de ellos, María perseveraba en la oración como madre de Jesús (RM, 26).

Entre María y la Iglesia existe un evidente paralelismo. María es una parte de la Iglesia, pero no es toda la Iglesia. María es, en la Iglesia, el paradigma de la fe que obedece a la palabra; pero Pedro, que hablaba en nombre de los Doce, es el paradigma de la fe proclamada. «Pedro y los demás apóstoles representan la acreditación de la Iglesia para conservar y proclamar autorizadamente la palabra. María representa la acogida dócil y personal de esta palabra. María es el signo del poder carismático de la fe, y Pedro de la autoridad institucional de la misión que guarda y transmite la palabra. En María, la Iglesia contempla su anima eclesiástica, su yo fiel; en Pedro, la promesa irrevocable de Jesús de confirmarnos en la fe. A María se dijo: "Dichosa tú porque has creído". , a Pedro: "Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos". María es el lado interior de la palabra». Así se explica por qué «todos aquellos que, a lo largo de las generaciones, aceptando el testimonio apostólico de la Iglesia participan de aquella misteriosa herencia, en cierto sentido, participan de la fe de María» (RM, 27). Por esto, muchos creyentes «encuentran en la fe de María el sostén para la propia fe» (RM, 27).

ORACIÓN.
Padre, no sabemos cómo agradecerte que suscitases a María, la madre de Jesús, como modelo de fe en los orígenes de la Iglesia; ella ha determinado el estilo de fe de la Iglesia desde el principio; te pedimos, Abbá, Padre nuestro, que participemos de la fe de María, y que encontremos en ella el sostén para nuestra propia fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

lunes, 18 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 19: LA FE DE MARÍA EN PENTECOSTÉS

En la economía de la gracia, actuada bajo la acción del Espíritu Santo, se da una particular correspondencia entre el momento de la encarnación del Verbo y el del nacimiento de la Iglesia. La persona que une estos dos momentos es María. En ambos casos su presencia discreta, pero esencial, indica el camino del nacimiento del Espíritu (RM, 24).

«María fue la primera en creer» (RM, 26). Toda su vida fue un proyecto y un camino de fe. En la cruz, la fe de María fue un «esperar contra toda esperanza». La promesa comenzó a transformarse en realidad cuando Jesús fue resucitado por el Padre. Cuando cada uno de los discípulos va reconociendo a Jesús como el Mesías, como el Hijo de Dios, cuando los discípulos confiesan a Jesús como el Cristo, entonces germina el «nuevo Israel», comienza la 1glesia, la comunidad de los creyentes. La fe en Jesucristo define el ser de la Iglesia. La fe íntegra en Jesús conlleva la contemplación de aquella que está indisolublemente unida a su misterio, María, «la íntimamente asociada a la obra de la redención». La heroica fe de María «precedió» el testimonio de los apóstoles (RM, 27).«La Iglesia es hija de la palabra, hogar de la palabra, servidora de la palabra. Debe escucharla, compartirla y ofrecerla. La identidad más profunda de la Iglesia es la evangelización, es decir, hacer que la palabra acogida en la fe por sus hijos se convierta en llamada e invitación a todos los hombres. La Iglesia está al servicio de la misión recibida de Jesús; y para llevar a cabo esta misión es ungida por el Espíritu Santo». En Pentecostés, la Iglesia aprende de María a acoger la palabra, a creer a pesar de todas las dificultades. Y María ayuda a la Iglesia a reproducir en sí misma el acontecimiento de la encarnación del V erbo, es decir, le muestra el camino para ser cuerpo de Cristo.

ORACIÓN.
Abbá, Padre, que en tu designio de amor quisiste que el acontecimiento de la encarnación de tu Hijo se hiciera permanentemente presente en tu Iglesia, Cuerpo de Cristo; concédenos el Espíritu y haz que aprendamos de María cómo acoger tu palabra, cómo interioriZarla, cómo cumplir en todo tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.


==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR,==

DÍA 18: MARÍA. TESTIGO DE JESÚS EN PENTECOSTÉS

Al comienzo del camino de la Iglesia, María está presente. La vemos en medio de los apóstoles en el cenáculo «implorando con sus ruegos el don del Espíritu»... Aquel primer núcleo de creyentes... era consciente de que Jesús era el hijo de María y que ella era su madre y, como tal,... un testigo singular del misterio de Jesús (RM, 26).

En la espera de Pentecostés, en el cenáculo, coincide el camino de María con el camino de los apóstoles, que se preparaban para asumir la misión de Jesús con la fuerza del Espíritu Santo que les había sido prometido. Ellos, la mujeres, los hermanos de Jesús y María «perseveraban en la oración» (Hch 1, 13-14). En medio de esa asamblea constituyente de la Iglesia, a María le cabe la función de «ser testigo de Jesús» desde su condición de «madre». «Un testigo singular del misterio de Jesús, de aquel misterio que ante sus ojos se había manifestado y confirmado con la cruz y la resurrección» (RM, 26). «Ella fue para la Iglesia de entonces y de siempre un testigo singular de los años de la infancia de Jesús y de su vida oculta en Nazaret, cuando \" conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón\" » (RM, 26). El testimonio de María dentro de la comunidad de los hermanos avalaba su fe en la encarnación del Hijo de Dios. «La Iglesia, desde el primer momento, miró a María a través de Jesús, como miró a Jesús a través de María» (RM, 26). María era para los primeros creyentes la gran oportunidad de conocer más íntimamente a Jesús. Ella sola era todo un evangelio viviente. María era un acceso privilegiado a Jesús. P or sus ojos había pasado toda su historia. Sus oídos habían escuchado todas sus palabras. Ningún ser humano lo había tenido más cerca de su cuerpo. Si toda su capacidad de maternidad se había agotado en su «hijo único Jesús», toda ella era una palabra permanente sobre Jesús.

ORACIÓN.
Gracias, Padre, por haber situado a María, la madre de tu Hijo, en el centro de la asamblea constituyente de la Iglesia; quisiste que ella fuera el testigo permanente y más cualificado del misterio de Jesús; haz, Padre, que María siga presente entre nosotros los creyentes, alentando nuestra fe y dándonos certeza en medio de nuestras vacilaciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

sábado, 16 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 17: LAS DOS MUJERES EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

 Las palabras que Jesús pronuncia desde lo alto de la cruz significan que la maternidad de su madre encuentra una "nueva" continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia, simbolizada y representada por Juan... La santa Madre de Dios, por medio de la Iglesia, permanece en el misterio de Cristo como la «mujer» indicada por el libro del Génesis (RM, 24).

María no es la única madre de los discípulos de Jesús; la imagen de «la mujer» no se refiere solamente a ella. «La maternidad de María encuentra una \"nueva\" continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia» (RM, 24). T ambién la Iglesia es madre de la fe, también la Iglesia es representada bajo la imagen de la mujer que engendra virginalmente nuevos hijos. La Iglesia se ha contemplado desde siempre a sí misma a la luz de María. Al principio de la historia de la salvación (Gn 3, 15) y al final (Ap 12, 1) está la «mujer-madre»:es María, es la Iglesia. «Según el eterno designio de la Providencia la maternidad divina de María debe derramarse sobre la Iglesia, como indican algunas afirmaciones de la Tradición para las cuales la maternidad de María respecto de la Iglesia es el reflejo y la prolongación de su maternidad respecto del Hijo de Dios» (RM, 24). Ambas «mujeres», ambas «madres» se encuentran en Pentecostés, «perseveraban unánimes en la oración» implorando la venida del Espíritu, que hiciera fecunda a la Iglesia y que ya había fecundado en la anunciación a María. «En la economía de la gracia, se da una particular correspondencia entre el momento de la encarnación del Verbo y del nacimiento de la Iglesia. La persona que une estos dos momentos es María. En ambos casos su presencia discreta, pero esencial, indica el camino del \"nacimiento del Espíritu\"... También en la Iglesia sigue siendo una presencia materna» (RM, 24).

ORACIÓN.
Padre nuestro, que estableciste que la mujer ocupara un puesto central en la historia de la salvación, haz que la mujer ocupe también en tu Iglesia el lugar que le corresponde, como portadora de la gran tradición religiosa y mediadora de la gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.

viernes, 15 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 16: LA MUJER ENEMISTADA CON LA SERPIENTE

Jesucristo con su muerte redentora vence el mal del pecado y de la muerte en sus mismas raíces; así se cumple la promesa con tenida en el protoevangelio: la estirpe de la mujer pisará la cabeza de la serpiente (Gn 3, 15). Es significativo que al dirigirse Jesús a la madre desde lo alto de la cruz, la llame mujer y le diga: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (RM, 24).

Al contemplar la escena de la cruz, aquella escena en la que —según nuestra fe— el Hijo de Dios hecho hombre vence el mal del pecado y de la muerte con su propia muerte, en la que el amor ilimitado de Dios vence el odio de la serpiente, y al ver junto al Redentor a «la mujer», no podemos dejar de evocar la promesa del protoevangelio. «Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón» (Gn 3, 15). Estas palabras de Dios a la serpiente hablan de la impresionante lucha que se va a establecer en la historia entre la estirpe de la serpiente y la estirpe de la mujer. Es indudable que en el Calvario llega esta lucha a su ápice: la serpiente quiere destruir al «hijo de la mujer», pero en ese momento el «hijo de la mujer» le hiere la cabeza. Pablo lo expresa con vigor, cuando escribe: «La muerte ha sido devorada en la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?... Gracias sean dadas a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo» (1Co 15, 55. 57). En este contexto «es significativo que, al dirigirse a la madre desde lo alto de la cruz, la llame \"mujer\" y le diga: \"Mujer, ahí tienes a tu hijo\"... ¿Cómo dudar que especialmente ahora, en el Gólgota, esta frase no se refiera en profundidad al misterio de María, alcanzando el singular lugar que ella ocupa en toda la economía de la salvación?» (RM, 24). Junto a la cruz está «la mujer» enemistada con la serpiente; está «la mujer» que es la madre del que herirá la cabeza de la serpiente: esa mujer es María, la madre de Jesús, pero también la madre de todos los discípulos de Jesús.

ORACIÓN:
Dios, Creador y Padre nuestro, ya desde los orígenes de la historia te comprometiste con nosotros, anunciándonos la victoria definitiva sobre el pecado y el mal por medio del hijo y de la mujer; que María, la mujer victoriosa, sea siempre una fuerza antidiabólica en nuestra vida y con ella podamos contrarrestar, como hijos suyos, el poder del Maligno. Por Jesucristo, nuestro Señor.

jueves, 14 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 15: MARÍA, MADRE DE LOS HOMBRES

Si la maternidad de María respecto de los hombres ya había sido delineada preceden temente, ahora junto a la cruz es precisada y establecida claramente; ella emerge de la definitiva maduración del misterio pascual del Redentor. La madre de Cristo, encontrándose en el campo directo de este misterio que abarca a todo hombre, es entregada al hombre —a cada uno y a todos— como madre (RM, 23).

El momento culminante de la verdad sobre Jesucristo, su misterio pascual, es también el momento culminante de la verdad sobre María. Sabemos que para el cuarto evangelista la cruz es el símbolo de la humillación-exaltación, de la muerte-vida, del fracaso-victoria. La cruz no es sólo muerte, también resurrección. No es sólo el momento en el que Jesús «entrega el Espíritu», sino también el momento en que la Iglesia «recibe el Espíritu». La cruz es el gran símbolo del acontecimiento pascual. Pues bien, ahí está María como testigo cualificado de todo ese acontecer. Ahí está Maria ejerciendo una función, que Jesús resalta desde la cruz: siendo la madre del discípulo amado. La pregunta de Caná: «¿Qué hay entre nosotros, mujer?» no había sido respondida por Jesús. Ahora Jesús responde dirigiéndose de nuevo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19, 25). La relación entre Jesús y su madre se encuentra mediatizada por la maternidad de María con relación al mejor discípulo de Jesús. Ya, de hecho, la madre de Jesús había mostrado en Caná una solicitud casi materna por los demás, se había dirigido a los servidores pidiéndoles atención y obediencia a las palabras de Jesús, había intervenido de alguna manera en el nacimiento de la fe de los discípulos. Por esto, en el misterio de Cristo le corresponde a María ejercer la función de madre; pero de madre no con relación a Jesús, sino con relación a todos los discípulos de Jesús: madre de su fe. «Es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles» (LG, 54; RM, 23). En la cruz, como ponen de relieve algunos exégetas, se da un traspaso de propiedad: la que al comienzo de la escena es denominada «madre de Jesús», al final de la escena se ha convertido en la «madre del discípulo amado»; éste la ha acogido como pertenencia suya, la ha incluido como elemento esencial dentro de su propio mundo espiritual.

ORACIÓN:
Padre de todos los hombres, que has querido manifestarnos tu solicitud paterna a través de la maternidad espiritual de María; haz que tu Iglesia acoja su mediación materna y que cada uno de los creyentes la reciba, como madre y ejemplo de vida, tal como lo hizo el discípulo amado de Jesús. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

miércoles, 13 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 14: ENTENDINIIENTO PROFUNDO ENTRE JESÚS Y SU MADRE

¿ Qué entendimiento profundo se ha dado entre Jesús y su madre en Caná? ¿ Cómo explorar el misterio de su íntima unión espiritual? (RM, 21).

La reacción de Jesús a la petición de su madre en Caná tiene la apariencia de un desabrido rechazo. Es más, Jesús insinúa un cierto distanciamiento, al dirigirse a su madre con el apelativo de «mujer». A pesar de todo, la madre de Jesús no se bloquea. Ni siquiera le responde verbalmente; sino con la elocuencia de su acción. Se dirige a los criados y les dice: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). La madre asume una nueva función: les pide a los servidores que escuchen la palabra («os diga») y la pongan por obra («¡haced!»). Se trata de una retraducción ampliada de aquella frase de los sinópticos: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra» (Mc 3, 3lss. y par.). La madre de Jesús, dice el cuarto evangelista, es aquella que invita a los demás a escuchar la palabra de su hijo y a cumplirla. La madre está en profundísima sintonía con el hijo. «¿Qué entendimiento profundo —se pregunta el Papa— se ha dado entre Jesús y su madre? ¿Cómo explorar el misterio de su íntima unión espiritual?» (RM, 21).

ORACIÓN:
Padre, fuente de la gracia, el hombre no puede presentarse ante ti con orgullosas pretensiones; no merecemos nada de ti; sin embargo, ves con buenos ojos que te supliquemos, que expresemos nuestra libertad necesitando de ti, tal como hizo María en Caná; concédenos tu Espíritu, para que como ella descubramos tu voluntad y la mostremos a los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.

martes, 12 de mayo de 2020



==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 13: MEDIACIÓN MATERNAL DE MARÍA EN CANÁ

En esta página del evangelio de Juan encontramos como un primer indicio de la verdad sobre la solicitud materna de Maria... Es importante señalar cómo la función materna de María es ilustrada en su relación con la mediación de Cristo... La misión maternal de María hacia los hombres de ninguna manera oscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia (RM, 22).

El cuarto evangelio nunca menciona a María por su nombre. Ella será siempre «la madre», bien sea «de Jesús», bien sea «del discípulo amado». No pierde nunca esta función, que la define en toda su verdad. En las bodas de Caná de Galilea, comienzo de la vida pública de Jesús, «estaba allí la madre de Jesús; fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos» (Jn 2, 1-2). «El hijo parece que fue invitado en razón de la madre» (RM, 21). Maria está presente como madre de Jesús. De ella parte una iniciativa que culminará en la manifestación de la gloria de Jesús, su hijo, y en el comienzo de la fe en Jesús por parte de los discípulos (Jn 2, 11). María contribuye a la manifestación de la «gloria», al comienzo de las «señales» mesiánicas de Jesús, al manifestarle a su hijo la carencia de vino. María se preocupa en este momento, no de su hijo, sino de los otros; demuestra una admirable solicitud por aquellos a quienes ve en situación de necesidad. «En Caná de Galilea se muestra sólo un aspecto concreto de la indigencia humana, aparentemente pequeño y de poca importancia (\"no tienen vino\"). Pero esto tiene un valor simbólico» (RM, 21). Maria se coloca entre su hijo y los hombres, que están en situación de indigencia. «Se pone \"en medio\" —como bellamente dice la encíclica—, o sea, hace de mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de madre, consciente de que como tal puede —más bien \"tiene derecho de\"— hacer presente las necesidades de los hombres... Mas no sólo esto: como madre desea también que se manifieste el poder mesiánico del hijo, es decir, su poder salvífico encaminado a socorrer la desventura humana, a liberar al hombre del mal que bajo diversas formas y medidas pesa sobre su vida» (RM, 21).

ORACIÓN:
Padre Dios, que quisiste concedernos el gran regalo, que es Jesús, a través de María; que proyectaste que Jesús anticipara los signos de la «hora» a instancias de María; ayúdanos para acogerla como camino hacia Jesús y descúbrenos a través de ella cuándo es «nuestra hora». Por Jesucristo, nuestro Señor.

lunes, 11 de mayo de 2020




==31 DÍAS CON LA MADRE DEL REDENTOR==

DÍA 12: MARÍA, MADRE CREYENTE

Si por medio de la fe María se ha convertido en la madre del hijo que le ha sido dado por el Padre con el poder del Espíritu Santo, conservando íntegra su virginidad, en la misma fe ha descubierto y acogido la otra dimensión de la maternidad, revelada por Jesús durante su misión mesiánica (RM, 20).

Dios Padre no llamó a María «a ejercer simplemente las sublimes funciones de madre de Jesús según la carne, sino a ser aquella mujer, que, en representación del pueblo de Israel y de toda la humanidad, acogiera el gran don de Dios, la misteriosa autocomunicación de Dios en Jesús al mundo; y para que, mediante esta acogida, creara en torno a Jesús un ambiente educativo, de maduración huma na, de profundas experiencias religiosas. Y así fue de hecho; María mantuvo una relación de acogida y de amor con aquel que el Padre consagró y envió al mundo. María estaba inserta en la tradición de fe y de esperanza del Pueblo y realizó su maternidad desde estos contenidos tradicionales. En ella, Israel aceptó amorosamente y con fe inquebrantable el don de Dios y esperó su manifestación. María realizó su maternidad con espíritu de fe; asistió con fe al acontecimiento inicial de la autocomunicación de Dios al hombre. María concibió a Cristo en un acto teologal de fe, por medio de su fe, como dice el famoso texto de san Agustín: \"María concibió en su espíritu antes que en su seno\". María fue llamada a transparentar a través de su maternidad física la acogida de los hombres de buena voluntad a aquel que sería llamado Hijo de Dios, cuyo reino no tendría fin, que recibirá el nombre de Emmanuel». Con las palabras «dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan», Jesús está dirigiendo una nueva llamada a su madre. Le está pidiendo dejarse sorprender por la novedad del mensaje del Reino, la está convocando a inaugurar una «nueva praxis», a ejercer nuevas funciones, que, sin estar en contradicción con las que ha ejercido hasta el momento, correspondan al proyecto histórico de Dios Padre que «hace nuevas todas las cosas». Maria escuchó esta llamada. No tuvo que renunciar a su vocación a la maternidad; pero sí tuvo que darle nuevas configuraciones. Es así como la comunidad del discípulo amado nos presenta a la «madre de Jesús» en su evangelio.

ORACIÓN:
Haznos, Señor, dóciles a tu palabra; no permitas que nuestra fe vacile ante las dificultades; que en todo lo que hacemos ella tenga la primacía; que sigamos a tu hijo, como María, la perfecta seguidora; concédenos el don del radicalismo evangélico por medio de tu Espíritu que nos consuela y alienta en todas nuestras luchas. Por Jesucristo, nuestro Señor.