"Los cinco minutos de Maria"

"Los cinco minutos de Maria"
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.
Mostrando las entradas con la etiqueta MARÍA-CUARESMA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta MARÍA-CUARESMA. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de septiembre de 2021


 

==A LA MUERTE DE CRISTO==


¡La tarde se oscurecía

entre la una y las dos,

que, viendo que el Sol se muere,

se vistió de luto el sol. .

Tinieblas cubren los aires,

las piedras de dos en dos

se rompen unas con otras,

y el pecho del hombre no.

No cesan los serafines

de llorar con tal dolor

que los cielos y la tierra

conocen que muere Dios

cuando Cristo está en la cruz

diciendo al Padre: "Señor,

¿por qué me has desamparador¡

Ay Dios, qué tierna razón!

¿Qué sentiría su Madre

cuando tal palabra oyó

viendo que su hijo dice

que Dios le desamparó?

No lloréis, Virgen piadosa,

que, aunque se va vuestro amor,

antes que pasen tres días

volverá a verse con vos.

Pero como las entrañas

que nueve meses vivió,

verán que corta la muerte

fruto de tal bendición.

,¡Ay hijo! -la Virgen dice-:

¿Qué madre vio como yo

tantas espadas sangrientas

traspasar su corazón?

¿Dónde está vuestra hermosura?

¿Quién los ojos eclipsó

donde se miraba el ciclo

como de su mismo autor?

Partamos, dulce Jesús,

el cáliz de esta pasión,

que vos le bebéis de sangre

y yo de pena y dolor.

¿De qué me sirvió guardaros

de aquel rey que os persiguió,

si al fin os quitan la vida

vuestros enemigos hoy?..

Esto diciendo la Virgen,

Cristo el espíritu dio.

Alma, si no sois de píedra,

llorad, pues la culpa sois.


_Felix Lope de Vega

miércoles, 28 de febrero de 2018



== SIETE RAYOS DE SOL, MARÍA==

Te han taladrado siete espadas,
sus dobles filos te han herido,
fueron las penas anunciadas
que en un principio has asumido.

La primera, de Simeón,
al noticiarte los dolores,
cuando exultabas de emoción
ciega en asombro de esplendores.

La segunda al dejar Belén
para salvar la nueva Vida.
La tercera en Jerusalén,
sin el Niño, desfallecida.

La cuarta en el mortal Calvario
compartiendo el dolor con tu hijo.
La quinta en tu íntimo sagrario
ante el lóbrego crucifijo.

La sexta en el descendimiento
del cadáver del Ser amado.
La séptima en tu abatimiento
cuando el sepulcro fue cerrado.

Ante la fría sepultura,
con Juan y las demás mujeres,
sumida en triste noche oscura
mueres porque de amor no mueres.

Desde su cuna en el Portal
hasta que le crucificaron,
atravesando el bien y el mal
sus cinco rayos te alcanzaron.

Pides clemencia, arrepentida
por no esperar en paz la gloria,
tú eres la esclava, la elegida,
y en Él reside la victoria.

(Emma-Margarita R.A. -Valdés)

martes, 27 de febrero de 2018


==TE VESTIRÁS DE LUZ==

Tus horas de agonía pasan lentas.
El cándido verdor está manido
como vaso de barro,
su lengua se ha pegado al paladar
y ya le han conducido al polvo del sepulcro.
Ansías arrancarle
de las babosas fauces del león
y de las astas de los unicornios.

Por su ánima expectante
pasan los remolinos de las aguas
y las olas del mar,
arrastrándole al más umbroso abismo.
Desciende a la gehena.
Va a absolver las raíces de los álamos,
a forzar los cerrojos del infierno,
que le vomitará luminiscente
el glorioso tercero de los días.
Ha pisado el lagar,
están sus vestiduras teñidas con su sangre.
Rechaza el latrocinio
que disfraza de guerra al holocausto,
mas con sus cinco llaves luminosas
abre el portal de bronce que desune
la ciudad de la muerte de las verdes praderas.

Volverá majestuoso con llameante antorcha,
con sus flechas agudas,
enarbolando el célico estandarte.
Asentará sus pies sobre la piedra,
heredará naciones,
repartirá despojos de los fuertes
y en los últimos tiempos
construirá un palacio de marfil
más alto que las cimas.
Le alabarán los labios
que han bebido del mágico torrente;
le aromarán con mirra, acacia y áloe;
le alegrarán con arpas.
Serán los invitados a las bodas,
advendrán con el traje arregazado
y tomarán el ázimo de Vida.

Tú, María, te vestirás de luz,
coronarán tu frente doce estrellas,
se postrará la luna a tus pies peregrinos.
Está prendado el Rey de tu hermosura,
perfecta es la belleza inmaculada.
Inclínate ante Él,
agradece los dones recibidos
y presenta tu ofrenda del dolor.
Te dará leche, harina, miel y aceite;
adornos de oro y plata.

Porque has crecido dulce flor de loto
reinarás colmenera en los países.
Serás matriz afable,
el tronco firme y recio
del frondoso ramaje de los hombres,
gestarás vida eterna,
le darás un lugar distinguido en su casa
y en la mesa del familiar banquete.

(Emma-Margarita R.A. -Valdés)

lunes, 26 de febrero de 2018



==DAS A TU HIJO EL ÚLTIMO ABRAZO==

Esperas el cadáver de tu hijo
amortajado ya con sangre y agua,
envuelto en el temblor del mundo antiguo,
celado por el velo de la Alianza.
Tú aguardas aterida,
mientras cruzan tu mente las espadas
contemplando su cabeza inclinada,
sus manos extendidas a la muerte
y su carne seráfica macilenta,
y la orfandad del labio sin parábolas.

En tu glaciar exhaustas golondrinas
quieren abrir sus alas y elevarse.
Mujer-Madre te ha hecho, tus entrañas
parirán con dolor al hombre nuevo
que nacerá mañana,
y tienes que vivir sobre la tierra
hasta que la semilla este granada.

Desenclavan a tu hijo.
Presurosa te lanzas y le abrazas.
Su rigidez helada te conmueve,
te haces llama,
se subleva el volcán de tu dulzura
y el fuego por tus besos se derrama.
Apoyada tu frente en sus cabellos
gimes la última nana.
Un suspiro de incienso, un aleluya,
un inconsciente hosanna
se escapa por jirones del relámpago
que te abrasa.

José de Arimatea, con permiso
que Pilatos le dio sin pedir nada,
va a enterrar a tu hijo en su sepulcro,
compró una nueva sábana,
y Nicodemo trae una mixtura
de mirra y áloe, para la mortaja.

Con el cortejo fúnebre
te llevan a la tumba, una cueva cercana.
Su cuerpo yerto, exánime,
han vendado con fajas impregnadas
en la olorosa mezcla.
Respetuosos lo envuelven en la sábana.
Por la abertura baja y estrechísima
pasas de la antecámara
al lugar de su solitario lecho,
donde un banco de piedra
frío y gris le esperaba.
Le tienden sobre él, su bello rostro
cubren con una tela fina y blanca,
el sudario.
Te vence el desconsuelo y te abalanzas
sintiéndote morir.
Te pesa el alma,
se aferra a la reliquia del amado,
en Él está su casa.

(Emma-Margarita R.A. -Valdés)

sábado, 24 de febrero de 2018



==ERES CORREDENTORA==

Tú compartes, María, el sufrimiento,
el pesar de sentirse abandonado,
el vacío de inmensa soledad,
la aridez del sendero del calvario.

El mismo azote rompe vuestra esencia
con calumnias, con ira, con tensión;
latigazo del odio irracional
por el orgullo roto con su voz.

La misma espina hiere vuestra mente,
arrancada del tallo de la envidia;
es el rencor punzante del hermano
por el amor que disteis sin medida.

La misma cuesta crece con la infamia
y lacera los pies en el camino;
es la oblación de vida y de trabajo
que rendisteis, en paz, al enemigo.

El mismo clavo rasga vuestros pulsos
con el mazo ofensivo del pecado;
es réplica al abrazo de piedad
abierto para ser crucificados.

La misma lanza horada vuestro aliento
con el fiero bramido de la injuria;
es mensaje del claro manantial
de agua viva que el mal transformó en turbia.

Tú compartes, María, el sufrimiento.
Tu albedrío inmolado, tu indulgente
y virginal entrega, tu abnegada
valentía, son tu pasión y muerte.

(Emma-Margarita R.A. -Valdés)

viernes, 23 de febrero de 2018



==DE PIE ESTABAS==

De pie estabas,
frente a la Cruz, al lado de tu hijo;
de pie estabas,
tu corazón llagado, estremecido.

Madre de Dios, pequeña golondrina,
palpitabas
con el dolor de clavos y de espinas.
Madre de amor, de un manantial de vida,
rebosabas
lágrimas de perdón por las heridas;
cobijabas
en tu pecho la cuna primitiva,
en tu pecho, de nanas y caricias,
conservabas
todo el fervor de tu alma de novicia.

De pie estabas,
en el monte sagrado del martirio;
de pie estabas,
frente al cadáver frío de tu hijo.

(Emma-Margarita R.A. -Valdés)

jueves, 22 de febrero de 2018



==SIGUES LA HUELLA ROJA DE SUS PIES==

Por el sendero angosto
sigues la huella roja de su pie.
Tu maternal cuidado se adelanta
y se posa en su frente,
quieres llenar el cuenco de tus manos
con inocentes lágrimas de su niñez perdida
y así lavar su rostro.

Al final la amenaza del monte
que se eleva ante ti con su faz cadavérica.
Te enardece la música del violín de las sombras.
Calcinada en tu lumbre
avivas las cenizas entre el velo enlutado.
Amordazas los gritos, los quejidos,
con cuerdas de laúd.
En el sigilo lánguido de tus labios sensibles
cicatrizan las llagas
dejando en tus rincones la amargura,
acelerando el pulso febril de tus arterias.

Pesa la iniquidad sobre tus hombros
cuando alcanzas la Cruz
y el martillo quebranta tu interior
clavándote fronteras.
Ves su cuerpo desnudo,
es la piel infantil que tu mimaste
con ternura infinita.
Reparten sus vestidos
y la preciosa túnica, tejida por tus dedos.
Recuerdas cómo y cuándo se la diste,
y un aluvión de hiel desemboca en tu centro.

Levantan el madero que se cimbrea lúgubre.
Un golpe seco, un vertical suspiro,
crucifican tu esencia.
Las bíblicas miradas ascienden hacia Él.

Desolación, tristeza, desamparo,
tortura, dolor, sed,
le agobian en la cruz.
Tú atiendes, anhelante, a sus menores gestos.
Deseas convertirte en bálsamo amoroso
que mitigue su lúcida agonía.

Escuchas sus palabras que caen como la sangre.
Te encomienda ser Madre de este suelo,
postrer rayo de Sol.
Terminó su misión y rinde a Dios su espíritu.
Manifiesta su Reino. El sismo de las cumbres
agrieta endurecidos corazones.
La cortina del templo deja paso a la luz.

Mientras muriendo esperas sus restos fríos, rígidos,
con el cálido abrigo de tus brazos,
iluminas penumbras y ruegas comprensión
para tu pobre arcilla dolorida.

(Emma-Margarita R.A. -Valdés)

lunes, 19 de febrero de 2018



==A LA VIRGEN DOLOROSA==

Como un mazazo,
como una enorme piedra contra el pecho,
recibes la noticia:
Han cogido a Jesús. Ha caído prisionero.

Te tambaleas.
Helado escalofrío atraviesa tu centro.
Estremecida, casi sin voz, exclamas que es voluntad del cielo, lo sospechabas
desde que Simeón te lo anunció en el templo,
su advertencia llenaba tus vacíos,
esperabas vencer ante su asedio,
pero no conocías el impacto del dolor, del tormento.

Un cúmulo de lágrimas maduras
resbalan por tu légamo, desalentada
habitas en las sierras inhóspitas del duelo,
un insalubre páramo donde mueren los pájaros, se marchitan los pétalos,
revientan las semillas en la tierra,
anida el cuervo.
Los telares telúricos, urdimbre de la estrella y el lucero, entretejen locura y fanatismo
en un sudario etéreo, el manto sepulcral que te amordaza inclemente, violento.

El pensamiento vuela hacia tu hijo,
lánguida oscuridad, letal desvelo.
Tus ojos han perdido la tenue claridad
de los recuerdos cegados por su imagen dolorosa sufriendo retirada, en duro cautiverio,
y se inundan de rojo tus pupilas,
con llamas de tu fuego.

Un sabor ácido se extiende por tu boca y tus labios resecos, el estómago ardiente se rebela, se encoge con náuseas de amargura, de recelos.
Y vuelas, vuelas.
¿A dónde vas, mujer, que pasas con el viento?.
¡A su lado! ¡con mi hijo! ¡a su lado! ¡con mi hijo!, martillea incansable tu cerebro.

No puedes más.
Te alarma derrumbarte, caer muerta en el suelo y desaparecer debajo de la tierra,
porque has de endurecerte, ser de acero,
y proteger la herencia, el Tabernáculo
de un mundo nuevo.

Aguantas, desviviéndote,
y vuelas por las calles del infierno
y en tu mente golpea,
como en la fragua es golpeado el hierro:
¡a su lado! ¡con mi hijo! ¡a su lado! ¡con mi hijo!.
No hallas sosiego, no cesa tu penar
desde que te contaron su oración en el huerto.

Te pesa la impotencia
que separa tus alas de su cuerpo.
En la noche callada tus suspiros son lúgubres, funestos. ajenos pasos
parecen de asesinos salvajes, gigantescos.
Avaricioso conspira el corifeo.

La luna reverbera
en las rocas del muro carcelero,
riela por tu lívida ceniza
erguida por el miedo.
Y pretendes subir como la yedra
por las losas grisáceas hincadas en tu aliento,
y alcanzar el azul luminiscente,
traspasar la negrura del trayecto.
Un vendaval cruza los callejones como agudo escalpelo, es una mano fría en tu garganta
ahogando tus lamentos.

Caen los segundos
por el perfil de trágicos espectros
que pálidos se asoman tras la afilada esquina, fatídicos, siniestros.
En la noche doliente acechas, anhelante, los acontecimientos, y vislumbrar,
sin el infausto velo, el fruto de tu amor, que por amor te hiere.
Mas tienes tus raíces en el cielo y reflexionas
sobre lo que pasó en su oración del huerto.

(Emma-Margarita R.A. -Valdés)

sábado, 17 de febrero de 2018



==SU MARTIRIO ES PALABRA DE DIOS==

 Arriba a ti la voz de sus discípulos
rogando por Jesús, que les revela
su muerte, su cercano sacrificio
para acatar la ley de las estrellas.
Les da su abecedario de cariño,
les habla de una verde primavera,
de la puerta que cierra el paraíso,
del trascendente fin de la tragedia.
No entienden su elevado veredicto,
no consiguen unir letra con letra,
y, porque en el misterio son novicios,
detestan que le humillen, que padezca.
Mas tú piensas, María, su martirio
es palabra de Dios por los profetas.

Y Pedro, el elegido, pide a gritos
que el Padre le libere de la afrenta,
el Rey omnipotente, el Infinito,
le exima de la muerte y la condena.
Pero Jesús le acusa de egoísmo,
de preferir tenerle en su apariencia,
de ser un ignorante y un mezquino,
no ver que sin semilla no hay cosecha,
si fructifica el grano desprendido
fue el invierno el que abrió la sementera,
sin la lluvia, la nieve y el rocío,
no florece el jazmín, la madreselva,
no brota la aceituna en el olivo
y se muere la vida en nuestra tierra.

Tú sabes, virgen-madre, que tu hijo
es carne de tu carne, arcilla vieja,
y aunque es Poder supremo, aunque es divino,
la tentación de Pedro le espolea
a abandonar el mundo a su albedrío,
a renunciar a su misión benéfica,
a dejarse llevar por lo terrígeno
y a gozar de una vida que le espera,
se alza el grito del hombre, y el suplicio
estremece el pilar de su materia,
y desea sumirse en un olvido
que silencie el clamor de su conciencia.
Mas, por ser hombre, entiende los desvíos
y concede el perdón a las tinieblas.

(Emma-Margarita R.A. -Valdés)